Ciertamente lo leemos mejor

Juan Armando Epple (Valdivia, Chile, 1946) es editor, poeta, ensayista, antólogo y narrador. Ha publicado las antologías Chile: poesía de resistencia y del exilio (1978) con Omar Lara, Brevísima relación del cuento breve de Chile (1990), Brevísima relación. Nueva antología del microcuento hispanoamericano (1999) y MicroQuijotes (2005) entre otras. Es autor de los poemarios De vuelos y permanencias (1998) y Del aire al aire (2000), y de los libros de minificción Con tinta sangre (1999) y Para leerte mejor (2010).

Ahora, dejando a un lado las notas curriculares de Epple, centrémonos en el último título citado, Para leerte mejor, publicado en septiembre de 2010 en Editorial Mosquito. Un libro de edición característica, sencilla, sin adornos de más, justo como un microrrelato, ad hoc con la colección que lo alberga, Una pequeña realidad. Un libro que nos remite también a sus trabajos anteriores, véase por qué.

El libro está dividido en cinco secciones temáticas, las cuales son Amores ciegos, Amor es un algo sin nombre, Otros prodigios, Microquijotes y Animalia. Los tres primeros están conectados de alguna manera, sea por razones temáticas o interrelaciones explícitas como el caso del microrrelato “Explicación II”, que para entenderlo es indispensable haber leído “Explicación I” incluido en la sección primera. Esto nos lleva a pensar en el problema de la trascendencia del texto, pues no puede ser comprendido fuera de la serie; un problema ya de antaño observado, recordemos el ejemplo de los cronopios y famas cortazarianos que de algún modo reclaman el reconocimiento de la colección a que pertenecen. El problema o la fortuna de los textos como éste de Epple es la inherencia de un texto con otro, la intertextualidad o, mejor, la intratextualidad.

De la primera sección del libro me interesa destacar el abanico de perspectivas que Epple nos ofrece para mirar a los ciegos, atrayente paradoja; así, podemos contrastar las habilidades desarrolladas por ellos, mismas que en nosotros se han atrofiado o ni siquiera se han despertado; la capacidad imaginativa potencializada que puede desembocar en astucia, como en “Para oírte mejor” –anotemos aquí otro punto para la intratextualidad–; la mirada irónica, y por tanto humorística. Aquí me detengo porque me parece el mayor logro de Epple en este apartado: lograr la sonrisa franca en el lector, moverse arriesgadamente en ese puntilloso límite del chiste y la minificción, pues encontramos desde un humor sobrio hasta lo encarnizado del humor negro, pasando por el encanto de la ironía. Para ilustrar este último caso me permito reproducir un micro:

Inspiración

Con tantos artistas de renombre que me anteceden –se lamenta el ciego, sentado en un banco de la plaza– Homero, John Milton, Bach, Joyce o Borges, y yo no soy capaz de terminar siquiera una cuarteta.

Aparte de la metaficción, como en este caso, encontramos la alegoría, la situación evocada por el texto que representa la discriminación general de la sociedad hacia los desvalidos. Hay otras minificciones encantadoras, intertextuales unas, originales otras, y, lamentablemente, muchos bastones blancos en pocas páginas, o será que están muy juntos.

            En Amor es un algo sin nombre leemos trece textos que nos enfrentan a diversas relaciones eróticas, en un sentido etimológico. Sin embargo, la variedad temática se termina abruptamente para dar paso a una serie de microrrelatos de cardiología: seis historias sobre patologías y trasplantes de corazón que me hacen pensar que el título del apartado debería ser otro, o bien hacer uno más para terminar de redondear esta serie. Por lo anterior se advierte que lo importante de estos trece microrrelatos no son el tema ni su unidad, creo que donde hay que poner atención es en el dominio de la técnica y la precisión verbal, la relación característica entre título y texto, especialmente el final. Soy partidario de calificar un cuento como bueno cuando su final es sorprendente – y no necesariamente sorpresa–, el jab de las últimas palabras. Por supuesto que en Para leerte mejor no todos son así, pero en esta parte del libro se nota muchísimo; claro que existen las excepciones: “Amor constante” y “En voz baja”, títulos que nada aportan al sentido de la minificción. En aquél el adjetivo quizá esté un poco en función de la situación presentada, pero bien podría haber sido otro; tampoco el humor convence mucho en este micro, incluso deja un sabor a lugar común.

            El título Otros prodigios ya nos adelanta una atmósfera distinta, y nos remite nuevamente a los textos anteriores, ya no como desgracias físicas o desventuras emocionales, sino como eventos extraordinarios. Al mismo tiempo van apareciendo las referencias culturales para comprender cabalmente las minificciones, temas regionales, propios de Chile o Latinoamérica como el nahua jaguar, símbolo característico de las culturas del sur de México hasta Sudamérica; la Pincoya, el gaucho, el exotismo que los europeos encuentran en nuestros países americanos, el Golpe de Estado del 73 y los cambios irreversibles en sus víctimas.  No me parece que sea un intento de elevación del sentimiento latinoamericano a través de los parajes chilenos; es decir, no son microrrelatos que magnifiquen un sentimiento patriótico, más bien es el simple recurso del regionalismo, pimienta literaria que, utilizando el vocablo italiano, hace más saporita la lectura. Y Epple tampoco abusa de este regionalismo, no llega a lo críptico, basta con que los que ignoramos las leyendas chilenas hagamos una sencilla investigación para saber cuál es la relación entre “La Pincoya” y el naufragio de los botes pesqueros. Y no me atrevo a develar en qué consiste esa relación y gracia suya.

            Pero hay un microrrelato que no termina de convencerme, probablemente sea el que menos me ha gustado, me refiero a “Terrores diurnos”, microrrelato que no sólo raya sino que se baña en el lugar común, en la copia de un recurso por demás tradicional en la minificción: la inversión de los papeles. Eso ya se ha visto mucho, me viene rápido a la memoria el microrrelato de Avilés Fabila “Apuntes para ser leídos por los lobos”, o “Un creyente” de Loring Frost, cito pues el microrrelato de Epple:

Terrores diurnos

–Mamá, mamá, ¿los seres vivos existen?

–No hijito. Esas son mentiras que les cuentan a los fantasmitas para asustarlos.

 Otro aspecto que me vuelve reticente a este microrrelato es que ha ganado el lado chistoso, la ocurrencia, no se compara con la literariedad que nos ofrecen Fabila y Frost; sin embargo, para que se vea que no es reticencia a Epple, debo decir que estos defectos se agigantan si lo comparamos con el microrrelato que le sigue, “Sombras nada más”, un texto realmente admirable, con una vuelta de tuerca encantadora, apacible, donde el recurso es el mismo pero el resultado uno muy diferente, metafórico. Pasemos ahora a la penúltima parte de la obra.

            No es que no sean buenos los microrrelatos de Microquijotes, es que Epple nos presenta cuatro que abordan los temas de siempre cuando del Quijote se trata: Dulcinea y los molinos, y sólo dos tópicos menos comunes: Cide Hamete y el Sancho que habla de un Alonso Quijano humano como cualquier otro. Paso pues a Animalia, conjunto de minificciones que a veces cuentan una historia y otras se quedan en la estampa, sin que esto quiera decir que desmerecen en calidad literaria; es más, confieso que estos textitos me encantaron. Como digo, hay estampas, anuncios publicitarios, cuadros, alegorías. No tienen título y aparecen uno seguido de otro, ocupando varios una misma página. Quizá alguien los considere como meros ejercicios de estilo, para mí son una amena forma de terminar el recorrido por las letras epplianas, letras plasmadas con maestría.

            Termino, por fin, diciendo que no hay que perderse Para leerte mejor, es una obra sensacional y bestial, literalmente; no cito ningún microrrelato de los buenos, porque son la gran mayoría y ese placer corresponde en la lectura directa. Para leerte mejor es una combinación de letras muy acertada para enraizar con más vigor la tradición minificcional de lengua española.

Reseña publicada originalmente en El cuento en red n°24, 2011.

http://cuentoenred.xoc.uam.mx/tabla_contenido.php?id_fasciculo=570

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s