Desvaríos

La minificción, un encuentro… (Parte II)

Ponencia presentada en el IV Coloquio de la Asociación Mexicana de Estudios Clásicos, 2012


El latín como recurso literario. Dolores M. Koch ya ha referido[1] que emplear otro idioma para el título es uno de los recursos para lograr la brevedad en el microrrelato, y cita tres de Marco Denevi:

Veritas odium parit

Traedme al hombre más veloz —pidió el hombre honrado— acabo de decirle la verdad al rey.

 

Curriculum Vitae

A menudo un dictador es un revolucionario que hizo carrera.

A menudo un revolucionario es un burgués que no la hizo.

Post coitum non omnia animal triste

—El padre de Melibea: !Desdichada, te dejaste seducir por Calixto! ¿No pensaste que después sentirías rabia, vergüenza y hastío?

—Melibea: Nosotras las mujeres sentimos rabia, la vergüenza y el hastío no después sino antes.

Para Koch, “El título en latín sugiere un contexto antiguo, medieval”, y eso ayuda a evitar explicaciones y, así, lograr mayor brevedad en el primer microrrelato. Otro autor que hace uso de este recurso es el autor más afamado de la brevedad, Augusto Monterroso, quien revierte cierta fábula y en vez de gallina nos da al “Gallus aureorum ovorum”.

Pues bien, tampoco es ocurrencia de los autores contemporáneos utilizar otra lengua como recurso literario; ésta también es una tradición que, nuevamente, podemos corroborar con los epigramas de Marcial:

Sotae filiae clinici, Labulla

deserto sequeris Clytum marito

et donas et amas: ἔχεις ἀσώτως.[2]

(IV, IX)

Intertextualidad, personajes clásicos. La reescritura de mitos grecolatinos tampoco es una novedad, nunca han dejado de permear en la literatura y en el arte en general. Quizá sea un poco más frecuente en la minificción pues gracias a su naturaleza es posible ahorrar palabras y cambiar al texto original lo que se desee cambiar o actualizar sin preámbulos ni explicaciones. La fábula y el bestiario han sobrevivido y resucitado con vigor en el siglo XX con Borges, Pacheco, Monterroso y Arreola. Géneros literarios breves que en algo se asemejan; pero en la actualidad ha surgido el fervor por determinados personajes mitológicos, históricos, sean griegos, latinos, chinos, hindúes o mexicas. Tengo un buen ejemplo: las sirenas. Estos seres mitológicos han cautivado a los próceres de la literatura y a los micronarradores en ciernes por igual.

Cuál sea causa de esta fascinación no lo sé, podríamos comenzar las pesquisas repasando lo que se ha dicho de la sirena, su símbolo. Jean Chevalier, en su Diccionario de los símbolos, además de recoger el conocido pasaje de Odiseo y las sirenas, anota:

Se ha hecho de ellas la imagen de los peligros de la navegación marítima; luego, la propia imagen de la muerte. Por influencia de Egipto, que representaba el alma de los difuntos en forma de pájaro con cabeza humana, la sirena se ha considerado como el alma del muerto, que ha errado su destino y se transforma en vampiro devorador. Sin embargo, aun siendo genios perversos y divinidades infernales, se han transformado en divinidades del más allá, que encantan con la armonía de su música a los bienaventurados que alcanzan las Islas Afortunadas; con este aspecto las representan algunos sarcófagos. Pero en la imaginación tradicional lo que ha prevalecido de las sirenas es el simbolismo de la seducción mortal.

Si se compara la vida a un viaje, las sirenas representan las emboscadas, nacidas de los deseos y de las pasiones. Por salir de los elementos indeterminados del aire (pájaros) o del mar (peces), se han convertido en creaciones de lo inconsciente, de los sueños fascinantes y terroríficos, donde se dibujan las pasiones oscuras y primitivas del hombre. Simbolizan la autodestrucción del deseo, al cual la imaginación pervertida no presenta más que un sueño insensato, en lugar de un objeto real y de una acción realizable. Es preciso aferrarse como Ulises a la dura realidad del mástil, que está en el centro del navío, que es el eje vital del espíritu, para huir de las ilusiones de la pasión.[3]

Javier Perucho se ha encargado de seguir el rastro marítimo y aéreo de las sirenas literarias y ha publicado Yo no canto, Ulises, cuento. La sirena en el micrrrelato mexicano[4], una antología donde efectivamente vemos las pasiones, deseos, virtudes y defectos de las sirenas, y los efectos que en el hombre (personaje y autor) producen sin miramientos. A continuación unos ejemplos, tomados de la antología, de lo que el genio mexicano logra al aprehender a este personaje casi siempre homérico:

La búsqueda (Edmundo Valadés)

Esas sirenas enloquecidas que aúllan recorriendo la ciudad en busca de Ulises.

Las sirenas (José de la Colina)

Otra versión de la Odisea cuenta que la tripulación se perdió porque Ulises había ordenado a sus compañeros que se taparan los oídos para no oír el pérfido si bien dulce canto de las Sirenas, pero olvidó indicarles que cerraran los ojos,

          y como además las sirenas, de formas generosas, sabían danzar…

Esta antología dedicada exclusivamente a la sirena, nos indica que la tradición clásica es una fuente de aguas infinitas para todo creador y, de paso, para todo compilador. Probablemente se llegue a pensar que una antología dedicada a determinado personaje o motivo clásico no vaya más allá de un gusto personal o simple curiosidad, pero podría servir para profundizar el estudio de dicho personaje o acontecer histórico, para estrechar las relaciones entre la filología clásica y las letras contemporáneas. No estaría mal, pues, encontrarnos con una antología de minificción que toque la cultura clásica introducida por un buen estudio preliminar, a fin de enriquecer las posibles interpretaciones de los textos. La antología que he citado no es un bestiario ni un compendio de fábulas; es, como dice el antologador, un sirenario. Es por eso que no me parece descabellada la idea de incluir, en esta clase de libros, un estudio previo para acreditarlos ya no como antologías sino de acuerdo al espécimen que guarden en sus páginas.

Conclusiones

Este no ha sido un trabajo exhaustivo sobre la naturaleza de la minificción y las formas breves de la literatura clásica sino apenas un esbozo de los distintos puntos en que se tocan; he querido demostrar, con algunos ejemplos, cómo lo más actual de las letras hispánicas puede vincularse con la literatura antigua. Javier Perucho incluso afirma que el microrrelato nació en China, basándose en la antología de José Vicente Anaya Largueza del cuento corto chino[5]; sería interesante saber en qué época surgieron los primeros textos breves tanto en oriente como en occidente y posteriormente analizar sus eventuales relaciones; por supuesto me refiero a textos literarios y no a meras evidencias de escritura.

Hay otros puntos en que se tocan la minificción y la literatura clásica, el humor es uno de ellos; hemos visto ya cómo los epigramas de Marcial registran un humor variopinto, y sin embargo no son simples chistes o golpes de ingenio. Cosa contraria sucede con muchos autores y compiladores; unos por falta de experiencia; los otros, de rigor.

 Para los apasionados de la brevedad literaria no debería sonar aventurado abordar los textos clásicos; así como Lauro Zavala ha propuesto seis problemas para la minificción, cabría preguntarnos si existen otros semejantes o análogos para la brevedad clásica; o cuáles son los recursos para lograr la brevedad, tal como lo hizo Dolores M. Koch para el microrrelato. Un estudio de esta clase podría hacernos ver la minificción desde otro punto de vista: si la minificción comparte sus elementos esenciales con las formas breves de la antigüedad, podríamos intuir que serían elementos comunes a toda forma breve de la historia de la literatura. Entonces, cuál sería realmente aquél elemento constituyente de la brevedad contemporánea. Quizá la verdadera naturaleza de la minificción sea su propia indefinición, su carácter proteico o híbrido, lo escurridizo que resulta cuando se lo trata de clasificar y delimitar. En fin, esperemos que haya ánimo suficiente por parte de filólogos, escritores, críticos y teóricos literarios para aunar esfuerzos y conocimiento y arrojar una nueva luz sobre el mundo que nos embriaga: las humanidades.

Fuentes

Catulo, Poesías, “Letras universales”, Madrid, Cátedra, 2006, edición bilingüe de José Carlos Fernández Corte, traducción de Juan Antonio González Iglesias, 802 pp.

Chevalier, Jean, (dir.), Diccionario de los símbolos, Barcelona, 1986,  1107 pp.

González González, Marta, “Epitafios de náufragos recogidos en la Antología Palatina” en Memorias de Historia Antigua, n° 13-14, 1992-1993, pp. 36-42.

Marcial, Marco Valerio, Epigramas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2004, introducción de Rosario Moreno Soldevila, texto latino preparado por Juan Fernández Valverde, traducción de Enrique Montero Cartelle, 270 pp., vol. 1.

Koch, Dolores M., “Diez recursos para lograr la brevedad en el micro-relato” en El cuento en red. N°2, 2000, p. 3, (www. http://cuentoenred.xoc.uam.mx).

______, “Retorno al micro-relato: algunas consideraciones” en El cuento en red, N°1, 2000, p. 20 (www. http://cuentoenred.xoc.uam.mx).

Perucho, Javier, Dinosaurios de papel. El cuento brevísimo en México, México, Ficticia-UNAM, 2009, 255 pp.

______, (estudio preliminar, selección, epílogo y cuentalia), El cuento jíbaro. Antología del microrrelato mexicano, México, Ficticia-Universidad Veracruzana, 2006, 164 pp.

______, (estudio, recopilación y bibliografía), Yo no canto, Ulises, cuento. La sirena en el microrrelato mexicano, “Narrativa”, México, Ediciones Fósforo-Conarte, 2008, 76 pp.

Plesiosaurio, “La minificción como género narrativo. Entrevista a Violeta Rojo” en  Plesiosaurio, año II, n° 2, marzo 2011, p 11.

Zavala, Lauro, “Glosario para el estudio de la minificción”, en La minificción bajo el microscopio, s.l., s.f., s. n., s.p. (Versión digital disponible en www.laurozavala.info).

______, “Seis problemas para la minificción, un género del tercer milenio: Brevedad, Diversidad, Complicidad, Fractalidad, Fugacidad, Virtualidad” en El cuento en red. N°1, 2000, p. 50 (www. cuentoenred.xoc.uam.mx).

 


[1] Koch, Dolores M., “Diez recursos para lograr la brevedad en el micro-relato” en El cuento en red. N°2, 2000, p. 3, (www. http://cuentoenred.xoc.uam.mx).

[2] Marcial, Marco Valerio, op. cit., p., 131.

[3] Chevalier, Jean, (director), Diccionario de los símbolos, Barcelona, 1986,  pp. 948-949.

[4] Perucho, Javier, (estudio, recopilación y bibliografía), Yo no canto, Ulises, cuento. La sirena en el microrrelato mexicano, “Narrativa”, México, Ediciones Fósforo-Conarte, 2008, 76 pp.

[5]Id., Dinosaurios de papel. El cuento brevísimo en México, México, Ficticia-UNAM, 2009, p 15.

 

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