Sin categoría

Un calambre en el alma o un tirón en la voz, ¿qué sentiste cuando descubriste tu propio engaño? Era de noche pero aún era buena hora porque nunca es demasiado tarde para descubrir una verdad inclemente. Hiciste a un lado las cobijas, te estabas ya acostando con la felicidad bien arraigada. ¿qué dijo esa voz que te paralizó la sangre? ¿De quién era?, ¿de tu padre, del vecino, de tu mujer? Tal vez fue el ladrido aburrido de tu perro. Cuando apagaste la luz ya no eras el mismo o, mejor dicho, eras el de antes acostado en la cama de una desconocida, en una recámara extraña, en una costumbre ajena, cubierto de caricias que ya no te pertenecían: tu mujer engañaba ahora a su marido contigo. A la mañana siguiente se dio cuenta de que había dormido con otro hombre y, aterrada, porque la vida ya no era predecible, te pidió explicaciones. ¿Y qué ibas a explicarle si tú no la conocías, si despertaste luego de treinta años por un estímulo inexplicable, una intuición, un instinto? La acompañaste en el desayuno y luego te marchaste sin voltear siquiera, sin resarcir su amor, sin saber dónde habías dejado el tuyo.

Anuncios
Estándar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s