Rasguños

Microblasfemias

La microliteratura en Puebla no da tregua, sigue cautivando con su ingente economía verbal, con el abrazo de peso exacto, liviano. Javier Zúñiga ha cedido a los brazos de la brevedad y le ha puesto alas para que su libro Casi bestia, casi humano sobrevuele por los terrenos de la microficción, diferenciándose así, fácilmente, de otros. En febrero de este 2016 cayó una oleada de ángeles con todas sus dudas, rencores, esperanzas, orgullos, odios, angustias y desesperaciones.

Casi bestia, casi humano es un libro paradójico en el mundo de la brevedad. El tema que lo sustenta son los ángeles caídos y, como no podía ser de otra forma, Dios se aparece en cada uno de la cuarentena de textos, lo que pudiera echar para atrás a más de un lector sea porque pueda verse ofendido en sus creencias, sea porque su ateísmo lo haga cerrar el libro, o bien porque simplemente el tema le parezca ya manido. Pero, por otra parte, no es un libro moralino, de rencor contra una religión en particular, ni de gracejadas donde Dios se comporta como niño o como un ignorante de las implicaciones de su omnipotencia. Éste es el primer conflicto que habrá que resolver como lectores: hay que aceptar el concepto de un dios creador y omnipotente, con toda la mitología bíblica que arrastra con él, para que la lectura fluya. Si el lector es radicalmente reacio al tema, mejor que pase a otra cosa.

Como he dicho, en Casi bestia, casi humano el punto de vista desde el que asistimos al tratamiento de lo divino no es el de siempre, no es el creador ni su horda celestial los que hablan, tampoco el diablo, sino esas criaturas hechas a un lado, los rebeldes, los inconformes. A Javier Zúñiga no le interesa que nos preguntemos sobre lo que piensa Dios, que de eso tenemos bastante; más bien le importa que nos planteemos la naturaleza de la relación de los ángeles caídos con su padre. ¿Lo aman, lo odian? ¿Se arrepienten de haberse sublevado o, por el contrario, se regocijan en su orgullo? ¿Qué son y qué importancia tienen los hombres para ellos? No podrá negarse que el tópico del judeo-cristianismo ha dado mucho de sí a lo largo de la literatura universal, pero un libro de microficción dedicado exclusivamente al tema no lo habíamos tenido. Así, Javier Zúñiga apuesta por la unidad brindada por un libro temático, la complementariedad intratextual, tal como sucede en El jardín de las delicias de Marco Denevi o en Los silencios de Homero de Raúl Renán, por ejemplo. De este modo, llega el momento en que podemos plantearnos la posibilidad de que escuchamos a un mismo personaje hablar en más de una página.

Al microrrelato se le ha adjudicado la hibridación con otros géneros literarios. Después de la lectura de este libro me he tenido que replantear esta idea porque una cosa es calcar el formato de otro género y otra muy distinta el hibridarse. En Casi bestia… no hay calcos de avisos de ocasión, entradas de diccionario, recetas de cocina, lo que hay son textos que contienen una pequeña narración e introducen abruptamente el vocativo, formulando una apelación contra Dios, dando como resultado una hibridación de monólogo, cuento, epistolario y plegaria. Esto es lo que hace peculiar la prosa del autor, un tono neutro, apagado, casi solemne, muy apropiado para los discursos de sus personajes; el resentimiento no se formaliza en el insulto fácil, los títulos de una sola palabra dan la cincelada que nos guía en la interpretación de los textos. Los recursos más usados de la microficción están ausentes en este libro: los finales sorpresa sin más fundamento que pretender la sonrisa fácil, la intertextualidad excesiva, el juego de palabras, el saboteo de frases hechas, la comparación con otras deidades, incluso la extrema brevedad.

Una exigencia de Casi bestia, casi humano impuesta al lector es la paciencia. Sabemos que la minificción, como la poesía, pide una lectura sin prisas, que nos permita indagar en sus resonancias una multitud de posibilidades interpretativas. Podemos brincarnos esta recomendación en muchos casos, pero no en éste, porque correríamos el riesgo de agotarnos por esta prosa que, no obstante, se revela muy trabajada. Este tono calmo, la temática, el constante vocativo “Padre” (o la frase “mi Padre”), puede darnos la impresión de estar ante un libro repetitivo y cansino, por eso es necesario hacer una lectura pausada y no beberlo de golpe para saborear como se debe cada uno de los conflictos angelicales. Y es que vale la pena hacer hincapié en que estamos ante un libro de conflictos porque por más ateo que se proclame el lector, no puede dejar de ver los temas colaterales que el libro encierra. Las torturas de los inquisidores, los minusválidos (no es gratuito que Javier Zúñiga, en “Estoico”, encarne a un ángel caído en un hombre en sillas de ruedas; el estigma de la discriminación siempre está latente), las guerras, los ideales mismos del cristianismo y su incidencia en la sociedad, más lo que el lector atento pueda descubrir oculto bajo unas alas chamuscadas, invitan al lector a admitir que, a fin de cuentas, la responsabilidad no recae fuera del límite humano.

Casi bestia, casi humano, a pesar de abrirse paso hacia un público potencialmente reducido por su temática, es un libro que los lectores habituales de minificción deben leer. Tiene los ingredientes necesarios para diferenciarse de la vasta producción insabora, facilista y repetitiva que aqueja a la brevedad actual. Textos como “Republicano”, “Estoico”, “Verdugo”, “Vacío”, “Prohibido”, “Destructor”, “Vulnerable” y “Reseco”, son los que dan al libro personalidad propia, en ellos se acrecienta el desapego de las criaturas divinas y su creador, en ellos los epígrafes que nos introducen al libro cobran su relevancia. “La verdad es la verdad, aunque la diga el Diablo” es tal vez la frase que mejor representa el espíritu del libro, si nos asimos de ella avanzaremos con mayor facilidad en la lectura, no caeremos en el prejuicio de considerar el libro como un ramillete de reclamos personales contra un dios malvado, será mucho más claro que en las páginas de Casi bestia… prestaremos los oídos para escuchar la versión de los que nunca hablan y tan verdad será la suya como la que se pregona en el cielo y el infierno, que a fin de cuentas, todos son de la misma calaña. La última verdad, por supuesto, es la del lector.

Javier Zúñiga, Casi bestia, casi humano, Puebla, BUAP, 2016 (Colección Asteriscos)

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