Desvaríos

¿Hacen falta más preguntas?

¿Hacen falta más preguntas? La gente se regocija en acumular preguntas, las mismas de siempre, las mismas de todos, porque no se puede preguntar nada distinto entre tanta gente igual, con las mismas preocupaciones. Cabe entonces la posibilidad de que no se formulen nuevas preguntas sino que vayan pasando de boca en boca, de angustia en angustia, como un grifo goteante imposible de reparar, una fuga imparable, un flujo de vida que no sirve de nada. Por eso se compadecen todos mutuamente y se comprenden, celebran los gestos insuficientes y los aciertos previsibles. También es esa la razón por la que un logro genuino causa furor y parece maravilloso. Pero hay que hacerse preguntas, intentarlas, para tener de qué preocuparse, en qué ocupar la vida. A eso le llaman madurar, sentar cabeza. Hay que tener propósitos, precauciones, miedos y absurdidades. Al final, da lo mismo sobre qué nos preguntemos porque respuestas tienen todos menos uno y nunca nos complace nada ni nadie más que nosotros mismos. Ahora mismo se me ocurren varias preguntas, pero no las hago porque, evidentemente, son las mismas que tú te haces.

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